La bruja y el bebé

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Esta es la historia de dos hombres que se toparon con una bruja en el medio del campo

Esta historia la contaba mi abuela en reuniones familiares, la primera vez que la escuché tenía 5 años y esa noche no pude dormir.

Corría el año 1920, era una madrugada cálida de verano y muy húmeda en Santa Fé, Argentina. Por un campo desolado se trasladaban un primo de mi abuela y su amigo en un carruaje con caballos de regreso a su pueblo natal.

La luz de la luna llena se filtraba a través de la espesa niebla que cubría como una gran manto los pastizales al costado del camino.

Los sonidos de la naturaleza nocturna intimidaban a estos dos viajeros que se apresuraban para llegar a su destino, lechuzas curiosas con su siniestro canto se asomaban entre las ramas de los viejos sauces, los grillos y ranas acompañaban con su sinfonía.

De pronto un mal presagio incomodó a estos dos viajeros, la naturaleza empezó a perder su sonido, las aves dejaron de escucharse, los grillos empezaron a callarse, un silencio aterrador los invadió.

La temperatura bajó drásticamente a tal punto que tuvieron que cubrirse con unas mantas, los caballos comenzaron a ponerse nerviosos y tensos.

En ese preciso momento escucharon un llanto, parecía como de un niño, mientras los caballos avanzaban temerosos los lamentos se hacían más cercanos.

Al cabo de unos metros decidieron parar y bajarse del carruaje, provistos de un farol con mucha intriga siguieron a pié el rastro de este llanto conmovedor, parecía de un bebé.

Ellos pensaron. ¿Quién fue el maldito que pudo haber abandonado a una criatura tan indefensa en un lugar como éste?

Abriendo camino entre los pastizales al fin lo encontraron, era un pequeño bebé envuelto en unas viejas y sucias sábanas, uno de ellos lo alzó entre sus brazos y éste dejó de llorar, su compañero acercó la luz del farol para verlo mejor, en ese instante notaron con horror que las uñas eran enormes exclamando que grandes uñas tiene este niño, a lo que el bebé contestó porque no vieron mis dientes, los mismos eran largos y puntiagudos.

Perturbados y aterrorizados azotaron a la extraña criatura contra el suelo produciendo una gran llama de fuego, y regresaron corriendo hasta el carruaje.

Según contaba mi abuela se trataba de una bruja que tomaba la forma de un bebé para atraer inocentes en la noche.



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