Fantasma de la monja maldita

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La historia del fantasma de la monja maldita Carmine en un convento de Italia.

Los hechos ocurrieron en el año 1715 en un convento de un pueblo muy cerca de Roma, Italia.

En el convento la madre superiora Carmine era una monja de muy mal carácter, solía reprender a las jóvenes novicias con mucha crueldad.

Carmine era una mujer de unos 60 años muy alta, su cara estaba cubierta de arrugas siempre con el ceño fruncido y su voz tan grave imponía miedo y autoridad.

Según cuenta la leyenda sufría de celos por la belleza de las jóvenes hermanas.

Acostumbraba a castigarlas en penitencia encerrándolas a oscuras en el sótano del convento.

Este lugar había sido usado en la época de la inquisición como celda de tortura, el sótano era tétrico, con una oscuridad infinita, las goteras mantenían las paredes húmedas con un olor nauseabundo por el encierro.

Otros de sus castigos era obligarlas a rezar durante horas arrodilladas sobre maíz.

Una noche Carmine mientras bajaba las escaleras ayudada con la luz de un farol trastabilló y cayó rodando rompiéndose el cuello donde murió.

Cierto alivio flotaba en el ambiente entre las jóvenes con la muerte de Carmine, pero la monja que ocupó su lugar seguía el estilo déspota de Carmine, una noche castigó a tres jóvenes monjas y las encerró en el sótano, el terror se apoderó de ellas cuándo en plena oscuridad se apareció el espíritu de la madre superiora fallecida causándoles gran espanto y dolor ya que con sus larguísimas uñas lastimó sus rostros, los gritos de las espantadas monjas fueron en vano ya que nadie las podía escuchar.

Al siguiente día cuándo recuperaron su libertad nadie creyó lo sucedido.

Al cabo de una semana una madrugada las tres hermanas escapando de sus habitaciones se dirigieron sigilosamente fuera del convento cruzando los jardines y la huerta para llegar hasta la cripta donde reposaba el cuerpo de Carmine, pero cuándo estaban por apoyar sus rostros contra el frío vidrio de la tumba, un canto espeluznante las distrajo de entre los árboles de la huerta, en ese momento vieron entre las sombras la figura de Carmine flotando y avanzando hacia ellas, despavoridas corrieron hasta volver a sus habitaciones.

Nunca más volvieron a salir solas fuera del convento por miedo a encontrarse con el fantasma de Carmine.



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